NUEVO KAHUIN

LAS METIDAS DE PATAS Y OTRAS YERBAS …

La juventud y la inexperiencia son sin duda excelentes razones para explicar, al cabo de poco más de un mes de gobierno de Gabriel Boric, la serie de metidas de pata que nos ha ofrecido uno de los pilares de este, cual es la ministra del Interior Izkia Siches.

Sin embargo, estas mismas razones pierden toda su validez cuando se trata de considerar las repetidas actitudes públicas de la ministra en lo que se refiere uno de los organismos bajo su tutela, cuestionado, desprestigiado, acusado de los peores crímenes contra los derechos humanos, como es Carabineros.

Desde el momento mismo en que el nuevo gobierno asumió sus funciones puso el énfasis, al menos en las formas, en mostrar una voluntad de cambio y de ruptura con un buen número de aspectos de la conservadora sociedad chilena.

Fue sin duda inspirado en ese estilo, y tratando de dar seguridades a quienes lo cuestionaban desde la dinámica política que generó la revuelta popular de octubre de 2019, que el gobierno y, según dicen, el propio Boric, envió a la ministra Siches a la región de la Araucanía.

Vistos los resultados de ese viaje, no cabe duda se trató de una acción más “para la galería” que un objetivo de encarar verdaderamente un problema candente.

Todo hace pensar que los antecedentes que llevaba la ministra Siches eran la idea de un “pueblo mapuche”, como el de otros “pueblos originarios” con una imagen idealizada de entes sociales unificados, centralizados, con un solo pensamiento, ideología o reivindicación, todos por supuesto progresistas.

En los hechos, lo que queda por pensar es que la ministra Siches o sus asesores, ignoraban que hay más de 90 comunidades mapuches, cada cual con puntos de vista que pueden ser diferentes con respecto a las relaciones con el Estado, a las empresas presentes en la región o, simplemente por cuestiones políticas, ideológicas e incluso religiosas.

Por último, cuestión de tino:  ¿Cómo la ministra pudo imaginarse que sería recibida con bombos y platillos en un territorio que el Estado ha considerado como hostil y que ha ocupado militarmente?

Vaya también con cargo a la inexperiencia y la juventud, las apresuradas acusaciones de la ministra en contra de las anteriores autoridades de gobierno en lo que se refiere a un vuelo con expulsados venezolanos que habría vuelto con sus mismos pasajeros, sobre las cuales debió retractarse.

Es evidente que la ministra del Interior no podía sino tener confianza en los informes entregados por los servicios a su cargo y lo único por lo que se le podría acusar, una vez más, es por su falta de experiencia y cautela frente a eventuales zancadillas de uno u otro “apitutado” del anterior gobierno que le quedó en herencia.

Sin embargo, en esta serie, hay actuaciones de la ministra y en general del gobierno en que la explicación de la juventud y la inexperiencia necesitan de una buena dosis de buena voluntad y comprensión para ser aceptada y digerida.

Tal es el caso en lo que dice relación con Carabineros.

Desde el tiempo que fue postulante en la primaria presidencial, Gabriel Boric ha ido evolucionando según las circunstancias en su posición frente a una institución que no cumple con la función de protección de la ciudadanía que debe ser la suya, para convertirse en símbolo de corrupción y violación de los derechos humanos.

Las actuaciones represivas de Carabineros en lo que va de la gestión del nuevo gobierno, en particular contra las manifestaciones en favor de los presos políticos, no difieren mucho de aquellas que se daban durante el gobierno de Sebastián Piñera.

Más aún, hay hechos en que se puede pensar hay colusión entre policías y delincuentes, como lo ocurrido cuando comerciantes (o traficantes) del barrio Meiggs en Santiago, atacaron a estudiantes que manifestaban.

Alguien podrá decir que no se puede exigir que en poco más de un mes, se cambie una situación que se ha arrastrado por décadas. Pero ocurre que las señales que ha dado el gobierno de Boric a este respecto son bastante elocuentes.

En primer término, la confirmación en su cargo del general director de Carabineros, Ricardo Yáñez, denunciado junto a Piñera y al ex ministro del Interior Andrés Chadwick, ante la fiscalía de la Corte Penal Internacional, como presunto responsable de las graves violaciones a los derechos humanos durante el estallido social a partir de octubre de 2019.

Y como si todo esto fuera poco, ahí fue que apareció una vez más la ministra Izkia Siches, brindando un sentido apoyo a “nuestros funcionarios de Carabineros” colocados en posición de víctimas de “golpizas”.

Durante una visita a la Escuela de Suboficiales de Carabineros, la ministra del Interior habría de dar su apoyo al funcionario policial que poco antes había herido  a bala a una persona, durante una manifestación de estudiantes.

“Es para nosotros necesario reiterar el respaldo de nuestro gobierno a sus funciones y que se sientan, en cada uno de los roles que les toca desempeñar, confiados en que estaremos apoyándolos y acompañándolos en cada una de esas acciones fue entonces el mensaje de Siches a Carabineros.

Comentario que incluso en otro contexto habría sido controvertido.

Pues bien, fue pronunciado el mismo día en que se rinde homenaje a los hermanos Vergara Toledo, a la joven Paulina Aguirre, a Manuel Guerrero, José Manuel Parada y Santiago Nattino, todas víctimas de miembros de Carabineros durante la Dictadura.

¿Otra metida de pata o falta de criterio?

 A cada cual de interpretarlo.


FRANCESES OPTARON POR UN PRESIDENTE DE DERECHA PERO GANARON LAS IDEAS DE LA IZQUIERDA

MARINE LE-PEN / EMMANUEL MACRON – MATCH DE VUELTA

El domingo 24 de abril, los franceses habrán elegido una de las dos variantes derechistas que resultaron de  la primera vuelta de las elecciones.

Podría parecer una afirmación absurda, pero para muchos, desde el punto de vista de las ideas y de lo que es el sentido noble de la política, el gran ganador es el candidato de la izquierda Jean-Luc Mélenchon y su programa El Futuro común.

Mas de alguno podrá pensar que este punto de vista es la última versión de la vieja explicación para justificar una derrota, cual es el argumento de la “gran victoria moral”. Pero ya veremos, tal no es el caso.

Fue el propio Mélenchon quien, convencido de esta situación, declaró entre las dos vueltas en una de las tantas emisiones de TV que lo solicitaron: “Yo les pido a los franceses que me elijan Primer Ministro”.

La declaración podía parecer del mismo tenor que lo de una victoria cuando se ha quedado eliminado y en tercer lugar en una elección presidencial. Sin embargo, responde a una lógica bien establecida.

En Francia, el Primer Ministro es designado por el Presidente de la República sobre la base de una mayoría parlamentaria que lo apoya en la rama principal del Congreso, designada por votación popular, cual es la Cámara de Diputados.

Las atribuciones del Presidente de la República son el velar por el respeto de la Constitución, las relaciones exteriores y el mando de las fuerzas armadas. Todo lo que es la legislación y el ejercicio del gobierno es cuestión del Primer Ministro.

Puede ocurrir y se ha dado en dos ocasiones en los últimos cuarenta años, que luego de una elección legislativa el partido o las fuerzas que apoyan al presidente de la República queden en minoría en la Cámara de Diputados.

En tal caso, se produce lo que se ha dado en llamar la “cohabitación”, como fue el caso en una ocasión durante el segundo mandato de François Mitterrand y después, durante uno de los mandatos de Jacques Chirac.

Frente a la situación que se planteó para los franceses, de elegir en la segunda vuelta entre “la peste o el cólera”, ha habido variadas manifestaciones de rechazo .

Estas han sido protagonizadas sobre todo por  organizaciones con una importante componente juvenil.

Además y del mismo modo,  una vez más, la importante abstención, son para diversos expertos, signos evidentes de una crisis del sistema francés regido por la Constitución de la Quinta República, promulgada en 1958.

Frente a esta situación, la opción de ganar lo que se ha dado en llamar “la tercera vuelta”, es decir el obtener en las próximas elecciones legislativas de julio próximo una mayoría parlamentaria de izquierdas, que obligaría al nuevo presidente a nombrar un primer ministro conforme a la orientación del Parlamento, es el desafío que ha lanzado Jean-Luc Mélenchon.

Esta posibilidad es factible con la condición de que se logre la unión de las fuerzas de izquierda, a saber, Ecologistas, Comunistas y los dos partidos menores de orientación trotskysta.

Este proyecto de unión ya había sido discutido durante la campaña presidencial, impulsado por la Unión Popular, el movimiento organizado para la ocasión por Jean-Luc Mélenchon, que proponía su programa “El Futuro común” como eje de discusiones al tiempo de reivindicar su representación por aparecer claramente con las mejores opciones de voto.

Los resultados de la primera vuelta de las elecciones, el 10 de abril, demostraron que con los votos sumados de todas las fuerzas reivindicadas de izquierda, el candidato de la Unión Popular, Jean-Luc Mélenchon, habría pasado ampliamente a la segunda vuelta, con todas las posibilidades de imponerse cualquiera hubiese sido el postulante de la derecha.

Fuerte de esta evidencia es que ahora Mélenchon reitera su llamado de unión para enfrentar el desafío de las legislativas y obtener un triunfo de la izquierda en la llamada “la tercera vuelta de las elecciones”.

Pero aún así existe otra alternativa. Es la llamada “Tercera vuelta social”, cuyas manifestaciones comenzaron a aparecer inmediatamente después del 10 de abril.

“Ni Le Pen ni Macron” podía leerse en dos banderolas que aparecieron colgadas en la sede central de la Universidad de la Sorbona en París, que fue ocupada durante 24 horas al cabo de una asamblea general antifascista, celebrada en los días siguientes a la primera vuelta.

Anteriormente, bajo esta misma consigna habían sido ocupados los locales de la Escuela Normal Superior y fueron bloqueados los locales de La Escuela de Ciencias Políticas  (Sciences-PO), de las Universidades de Saint Denis (suburbios de París),  Nancy y Lyon y  toda una serie de liceos parisinos.

Del mismo modo, entre las dos vueltas de las elecciones, hubo manifestaciones de rechazo a las opciones propuestas, en la mayoría de las grandes ciudades francesas con masiva participación de jóvenes y estudiantes.

Según los expertos, este clima permite imaginar lo que podría ser el ambiente después de las elecciones legislativas y cuando las nuevas estructuras del poder estén instaladas.

No obstante, para el desarrollo de esta acción y para la estructuración de un movimiento social es esencial una base ideológica donde estén definidos los objetivos que se persiguen.

En el momento presente, y frente a uno de los avatares de la derecha que estará en la presidencia francesa en los próximos años, las reivindicaciones sociales cifradas y financiadas, la organización de una Asamblea Constituyente para redactar una nueva carta magna o la planificación ecológica, son elementos que pueden ser la base de esa plataforma de lucha

 Estos elementos, entre otros, están contenidos en el programa “El Futuro común” de la Unión Popular y de Jean-Luc Mélenchon.